95 Tesis sobre nuestra relación con Dios a la luz de nuestras responsabilidades publicas
Guillermo MÉndez
I. Introducción
1. Cuando El Señor Jesucristo dice, “si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos”, el se refiere a que las leyes se obedecen no por un estatuto externo que nos regula, sino porque los principios superiores son los que el ser humano lleva inscritos adentro de si, en el fuero de su conciencia.
2. El tema de la conciencia es un aspecto fundamental para la comprensión de lo que es nuestra obediencia a la ley, en tanto la conciencia se forma en consonancia con la ley superior dictada por la Palabra de Dios y también se forma como producto del testimonio interno de la voz de Dios en nuestros corazones y del testimonio “Spiritus Sancti”.
3. El uso del vocablo conciencia por los padres de nuestra fe, también se ha referido al rechazo que su ser interior ha hecho de posiciones y posturas alejadas a la Palabra de Dios, lo cual les movió a rechazar sistemas en franca oposición a su conciencia.
4. Los reformadores apelaron a la libertad cristiana en un sentido que es en parte eclesiástico, en parte político y en parte espiritual. Sobre ella se dieron serios debates. Uno de ellos fue la diferencia entre Lutero y Erasmo en torno al libre albedrío.
II. La libertad en la Iglesia
A. La palabra de Dios
5. Pero hubo algo en lo que tanto Lutero, Calvino y Erasmo coincidieron, y eso era no sólo el carácter liberador del evangelio, sino que el contenido de esa libertad empezaba liberándonos de la tiranía del materialismo y la idolatría.
6. El criterio del “libre examen” de las Escrituras es acaso uno de los puntos focales de la Reforma. El principio tiene un valor operativo incalculable. Desde entonces esta claro que la Iglesia no es quien crea la Palabra, aunque ella nace en el seno de las comunidades cristianas dispersas en el primer siglo. La Palabra viene de Dios y por eso la Iglesia se somete a ella.
7. Las fuentes del cristianismo, el Antiguo y el Nuevo Testamentos, son el tribunal supremo de apelación de la Iglesia. La autoridad deviene de su origen, de su naturaleza divina.
8. Por eso, frente a las autoridades humanas propuestas en el seno de la Iglesia Católica, los cristianos insistían en el principio de Sola Scriptura, como grito de batalla en el siglo XVI.
B. La cultura eclesiástica
9. Pero ¿qué significa en el terreno práctico que la palabra esta sobre la Iglesia? La idea evangélica de la libertad promete emancipación de la tiranía del materialismo y de la idolatría. Es una libertad para amar y servir a Dios. Ese era el consenso de Erasmo, Lutero y Calvino.
10. En días de la Reforma, una de las piedras de tropiezo que la Iglesia Católica presentaba, primero a los reformadores y luego a los paganos en general, era su excesivo materialismo.
11. La fastuosidad de sus catedrales e iglesias, el oro de Roma, la preeminencia y pleitesía de sus papas y dignatarios eclesiásticos, tenían una fuerte dosis de las cortes y de la realeza.
12. En este punto los reformadores dijeron que el mundo había entrado a la Iglesia y rasgando sus vestiduras volvieron su mirada a la sencillez del Nuevo Testamento, a las reuniones caseras y a la modestia de las expresiones eclesiásticas novotestamentarias.
13. He aquí algunas preguntas de reflexión para nuestras iglesias: ¿Es nuestro presupuesto para misiones mundiales tan grande como el presupuesto de construcción o de operaciones? ¿Es nuestro presupuesto para la adquisición y operación de medios de comunicación masiva tan grande como nuestro presupuesto para los pobres, las viudas y los huérfanos?
14. Es nuestro presupuesto para atender las necesidades de la Alianza Evangélica del país, por lo menos del tamaño del salario del pastor? ¿Estamos preocupados por las luchas de la iglesia nacional y vemos el avance del reino de Dios en ellas o son tales luchas un distractor de nuestros “superiores” programas eclesiásticos?
15. Si a estas preguntas podemos responder a la luz del marketing o de la administración, pero, no podemos responder a la luz de las prioridades del pueblo de Dios y a la luz del evangelio, entonces la Palabra no esta sobre la iglesia. Mas grave aun, la Iglesia esta sobre la Palabra.
16. La Reforma Protestante surgió precisamente frente a una iglesia que se creyó más grande, más internacional, más prestigiosa que la Palabra de Dios.
17. Nuestra cultura eclesiástica es el principal enemigo del evangelio y del poder de Dios. Tenemos que preguntarnos si el entusiasmo religioso contemporáneo es en verdad amor a Dios, o si no es otra cosa que mera egolatría.
18. La libertad religiosa de la que gozamos puede “ser objeto de culto” mas que un incentivo para revisar “cual es el objeto de nuestro culto”.
19. La libertad religiosa es buena, pero también ha dado lugar al surgimiento de “religiosidades populares” que están muy lejos de la fe bíblica, y con ello da paso al acomodamiento, a la inmoralidad que nos caracteriza como naciones y sociedades. De eso también necesitamos ser libres.
20. El tema de la religiosidad popular evangélica ahora no puede simplemente barrerse debajo de la alfombra porque agradece al Estado lo que tiene obligación de proveer, la libertad; pero, el Estado le niega la libertad de cambiar a la sociedad donde mas lo necesita, en sus instituciones, y por ende en sus actitudes.
21. En esa religiosidad popular surge de manera inadvertida la posibilidad de la idolatría. Consiste la idolatría en el esfuerzo de buscar a Dios y “encontrarlo” en aspectos y lugares en los que Dios no esta, por ejemplo, el culto al poder.
22. Es una suerte de magia que manipula a Dios y lo hace presente en donde el no dijo estar. Es más que efigies, ídolos y altares, el abandono de la promoción de la ética y la moral cristianas, poniendo en su lugar un culto anodino que entretiene pero que no es ni sal ni luz.
III. La libertad en lo polItico
23. Si frente a las Escrituras los reformadores apelaron al “libre examen”, frente al poder temporal utilizaron la “libre crítica”.
24. Se trata de desmitificar el poder, para afirmar que la fe y la obediencia se le deben a Dios pero no a las equivocaciones humanas.
25. La semilla de la libertad cristiana es la libertad de conciencia. En otras palabras, una fe libre y purificada provee un medio para criticar y rechazar la autoridad humana, sobre todo cuando transgrede la Palabra de Dios.
26. En ese punto, el de la libertad de conciencia, se registra que Lutero se enfrentó al emperador y pronunció las famosas palabras el 18 de abril de 1521. Esa postura fue política y a la vez hondamente espiritual. Era una fe contra un imperio.
27. Lutero rechazó las pretensiones de una unidad política del imperio que pasaba también por una unidad espiritual. Y lo hizo con base a la conciencia: “A menos que sea convencido por la Escritura y por la razón, no acepto la autoridad de los papas y los concilios, porque se contradicen, mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni lo haré, retractarme de nada, porque ir contra la conciencia no es correcto ni justo. Que Dios me ayude. Esta es mi posición. No puedo hacer otra cosa. Amén.”
28. Por supuesto, con esa decisión se pasaba a traer al emperador mismo y eso quedó claro a partir de ese histórico encuentro con el emperador en 1521. Al recibir la bula de excomunión producto de ese encuentro, Lutero la quemó públicamente.
29. Previamente a ese encuentro, en 1520, Lutero había quemado públicamente el articulado del derecho canónigo como manifestación de su ruptura interna, espiritual y psicológica con todo el sistema que planteaba la Iglesia Católica.
30. En este tema, que incluye la obediencia a la ley, es fundamental también la afirmación bíblica que advierte diciendo “quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios se opone”.
31. Sin embargo, el significado de este texto se complementa con otras situaciones que, en momentos específicos, fueron una respuesta valiente del pueblo de Dios. Ejemplos, como la oposición de Moisés al faraón, el enfrentamiento de David y su fuerza irregular contra Saúl, la oración de Daniel frente a la prohibición de Darío, el desafío de Juan el Bautista a Herodes, su reprensión a los soldados romanos; la abierta disputa de Jesús con los administradores de la religión y del templo, la muerte de Pedro y Pablo en manos del imperio romano, son instancias que ilustran en casos bíblicos, la importancia de obedecer a Dios antes que a los hombres.
32. Para los padres de nuestra fe, la disyuntiva en torno a la obediencia civil se da por la tensión entre esas dos afirmaciones bíblicas: “Sométase toda persona a las autoridades superiores”, y por el otro lado, la frase “es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres”.
33. Por eso Lutero definió así la relación frente al poder temporal: “Cuando un príncipe no tenga razón, ¿debe seguirlo culpablemente todo el pueblo? Respuesta: No. Porque nadie debe actuar contra derecho, porque hay que obedecer mas a Dios (que ha de tener el derecho) que a los hombres”. A partir de aquí se colige que el limite de la obediencia a los hombres se haya donde ésta se vuelve desobediencia a Dios.
34. El argumento de Lutero tiene fundamentos teológicos, morales y de derecho. Según él, se puede estar en contra del poder temporal cuando éste apoya una pretensión ajena a la Palabra de Dios (la de la Iglesia Católica). Eso fue justamente lo que el hizo.
B. La institucionalidad de América Latina
35. La idea de Lutero que fundamenta la oposición al poder temporal por su apoyo a una Iglesia desviada, puede invertirse hoy para convertirla también en un programa de reforma social para los evangélicos.
36. Es decir, si los evangélicos resisten a una religión establecida por considerarla ajena a las Escrituras, por promover una doble moral, un estilo de vida que produce enormes perdidas sociales y espirituales en nombre de la religión, también debe resistirse al esquema jurídico con el cual esa religión esta íntimamente ligada. Esto último fue el paso que Lutero no rehuyó.
37. Tanto esa religión como esa idea de autoridad son prohijadas por las mismas fuerzas y nacieron de la misma entraña jurídica: el derecho canónigo, la tradición del llamado derecho continental romano, el código de Justiniano, con un claro criterio centralizador del poder papal (en 1075, Gregorio VII), y del poder temporal (en 1521, Carlos V).
38. No se ha evaluado adecuadamente por los evangélicos que la intención de Gregorio VII, cuyo partido papista fue el gran propulsor del derecho de justiniano, era hacer del mundo de la época una extensión del imperio romano, de su religión y de su concepto de autoridad; tampoco se ha caído en la cuenta de que esas ideas navegan y cabalgan, desde España, y trajinan todo el proceso de descubrimiento y conquista de América.
39. Nuestra idea del Estado heredó del marco de “Las Siete Partidas” un Estado corporativo, patrimonial y estamental que se complementó con la ideología del derecho ibérico, el código de Napoleón y con el criterio de Jean de Bodin, para quien la “ley es lo que plugo al rey” (sin el consentimiento de los gobernados).
40. Esta visión del Estado tiene un impacto: a. sobre la concepción de la autoridad y las lógicas de obediencia, en donde pueblo y monarca son un todo orgánico e indiferenciado, ergo, no rinde cuentas (Estado corporativo); b. sobre la concepción del Estado que se constituye en un bien omnímodo de los gobernantes (Estado patrimonial); c. sobre la creación de una “clase social” de administradores, expertos en él teje y maneje de la cosa pública que legislan para su propio bienestar (Estado estamental). Toda esta herencia fue traducida al ámbito local por “los letrados” que se constituyeron en una suerte de clase política.
41. Nadie denuncia hoy que esa visión central del poder del Estado, y del derecho positivo en que se sustenta, lleva aparejada impunidad, violencia y pobreza y es inmoral e inaceptable para los cristianos.
42. Este modelo de Estado produce una sociedad en la cual se eliminan las reglas y en su lugar se colocan las relaciones que se administran discrecionalmente dado el poder omnímodo de los gobernantes.
43. Es en el marco del objetor de conciencia que debemos introducir la evaluación teológica del Estado, no por razones políticas solamente, sino principalmente por razones morales, espirituales y también del derecho como valor, ese que esta mas interesado en proteger los derechos fundamentales del ser humano que en crear ficciones jurídicas.
44. También, en el marco del objetor de conciencia hay que cuestionar los malos resultados de las buenas intenciones producto del derecho como la disciplina que hoy conocemos, cuya meta es más ideológica que humana, a la cual le interesa producir un sistema perfectamente contenido en sí mismo y sin antinomias, siguiendo el racionalismo de la Ilustración, mas que la Palabra de Dios (Kelsen, La teoría pura del derecho, Viena, 1927).
C. La ética y la moral
45. Para alcanzar su coherencia interna, la disciplina jurídica y el derecho positivo están dispuestos aun a soslayar que esa juridicidad, emancipada de la moral, de la religión y de la tradición, se pliega a intereses más que a la justicia, produciendo prácticas y actitudes muy perversas en los ámbitos público y privado.
46. En el ordenamiento jurídico producto del derecho continental romano, de la “comunidad solidaria” de Aquino y del derecho positivo, se cree que la solidaridad como atributo moral surgirá a partir de la beneficencia del Estado.
47. Eso significa que en el Estado Latinoamericano se cree que los hombres son buenos y no necesitan controles; y que ellos, ya en puestos políticos, actuarán alejados de sus intereses personales y velarán por el bienestar de los demás.
48. Sin embargo, dado que los Estados no tienen moral sino sólo intereses, y aunado esto a la discrecionalidad sin control de instituciones cuya finalidad no es ejercer la moral de las personas reales, se termina por facilitar procesos de enriquecimiento ilícito, de impunidad y de abierta injusticia.
49. Se asume que entre los miembros de la Gran Sociedad los “hombres son buenos” y que existe una relación vinculante entre ellos como la que se da en la familia o como la que se espera en la Iglesia, en virtud de la sangre o el Espíritu.
50. Pero la sociedad no es la familia ni la Iglesia. Por eso, la conducta solidaria, de lo público hacia el individuo, por más buena que parezca, a la hora de implementarse resulta perversa, porque se traduce en una deshonra y eliminación de las normas como el fundamento de la vida y en su lugar se colocan las relaciones y la discrecionalidad, sobre todo en la relación entre gobernantes y gobernados.
51. Generalmente, en la Gran Sociedad, la solidaridad se expresa de espaldas a las normas. El policía pide solidaridad al infractor y este al policía y ambos traicionan las reglas y la justicia a cambio de entregar la solidaridad pedida. El trabajador que llega tarde pide solidaridad al supervisor y este la otorga, sabiendo ambos que traicionan los principios de la empresa. En la familia y en la Iglesia las personas reales son solidarias dentro de los parámetros de lo que es el bien y el mal según las normas.
IV. La libertad como aporte espiritual
A. La confiscación de la libertad
52. La obediencia civil en Romanos 13:4-5 se ordena por causa de conciencia. En otras palabras, lo más sensible de la fibra moral del cristiano se nutre al obedecer a la autoridad, expresado como seguir el bien y apartarse del mal. El cristiano no puede regodearse en la infracción ni aun cuando el sistema la promueva porque eso equivale a practicar el pecado (1 Jn. 3:1-10).
53. Pero la conciencia cristiana enfrenta grandes obstáculos en las sociedades de visión comunitaria paternalista, pues al hacerse el Estado de todo el poder, confisca la libertad ciudadana, buscando autorizar cada acto de los hombres libres. En ese sentido, el sistema propone leyes y luego, al confiscar la libertad, seduce al individuo a la desobediencia colocándolo en un estado permanente de infracción.
54. Ante una autoridad confiscadora de la libertad personal y ante una legión de leyes cuyo cumplimiento sólo busca controlar la libertad de los individuos, la infracción de la ley es casi natural. Ello nos coloca en la posición del anticristo, jo anomos, literalmente “sin ley, o el inicuo” (2 Tes. 2:8), es decir, en una condición permanente de bancarrota espiritual. El espíritu del anticristo trajina nuestras sociedades.
55. Por ello se nos exige, por causa de conciencia (Ro. 13:5), revisar si nuestra obediencia a ese esquema total es o no cuestionable.
B. La destrucción de nuestra espiritualidad
56. Esta “ética de situación”, basada no en normas, sino en la discrecionalidad subjetiva, en las relaciones ordenadas desde el poder del ejecutivo y en esta cultura de infractores, destruye la fibra moral de la sociedad y hace imposible la proyección de la misión de la Iglesia.
57. Es en esta institucionalidad inicua, que sirve de entraña a nuestra cultura general y a nuestra cultura eclesiástica en particular, en donde debe buscarse la falta de incidencia espiritual, social y práctica de la Iglesia Evangélica en América Latina. A la cultura eclesiástica producto de este sistema no le preocupan ni la responsabilidad personal, ni la ética de trabajo, ni la corrupción del sistema político, ni las diversas formas de perversión institucional o individual, coronándose de esa manera la visión medieval clásica que separa la vida espiritual de la vida diaria. Así, nuestra relación con Dios, se ve mancillada por no entender el impacto de la injusticia en nuestra vida personal.
58. Es mas, suponer que el Estado es el ámbito de la solidaridad se constituye en una falsificación de la Iglesia y de la familia y menoscaba la moral de las personas reales, colocando en su lugar las relaciones subjetivas con el Estado como la fuente de la moral nacional.
59. Si el Cesar es la fuente de la moral, la Iglesia es su subsidiaria. La aceptación de tal idea por parte de la Iglesia equivale a poner a Cesar por encima de Dios y a colocar a la Iglesia bajo el báculo del poder temporal.
60. Cuando los evangélicos denunciamos que el arreglo más fundamental de nuestras sociedades es perverso, que premia a “los astutos”, que desconoce las normas, que nos somete a una ética de situación, que derrota la obediencia a la ley, que nos coloca en un estado permanente de bancarrota espiritual, que promueve la falsificación de la iglesia, lo hacemos, precisamente, por causa de conciencia.
61. Si no se entiende el papel de la juridicidad en la creación de América Latina y no se ve con sospecha a las instituciones corruptas, y corruptoras de la conciencia de la Iglesia, jamás se entenderá el hoyo moral, social y político en el que estamos.
62. Se debe reflexionar en esto por causa de conciencia, por que al no hacerlo esta enfrentándose al viejo dilema de Lutero, en el cual se termina desobedeciendo a Dios por obedecer aquello en lo que los hombres están equivocados.
63. A nuestro entender, el andamiaje macrojurídico de estos países es tan perverso que el cristiano sólo puede buscar su derrota y sustitución. El objetor de conciencia no nos permite seguir viviendo en un esquema así y simplemente mirar para otro lado con disimulo. La conciencia cristiana esta sobre el Estado.
C. Libres para servir
64. El derecho consuetudinario (romano, germánico e insular) tardó unos mil quinientos años en aceptar como legal las prácticas de la ética secular. A principios del siglo XXI vemos las zancadas con las que el derecho positivo, aquí en América Latina, nos lleva en dirección al aborto, los matrimonios homosexuales y la irresponsabilidad personal, cosas que el derecho consuetudinario detuvo por siglos. Hoy, estos intereses ajenos a la población, producto de la agenda de grupos de presión internacional, buscan “crear una sociedad perfecta”, (para sus prácticas), bajo la mirada indiferente de las Iglesias.
65. Para oponernos sabiamente a eso necesitamos entender el origen del derecho continental romano y compararlo con el más modesto derecho germano y derecho insular, en los que se privilegia el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad. El derecho consuetudinario ha hecho más por preservar el respeto por la tradición y la moralidad judeo cristiana que el derecho positivo producto de legisladores que obedecen a intereses de grupos, locales e internacionales, “políticamente correctos”.
66. Es libertad para ejercitar la libertad de conciencia. Eso lo aprendimos de Lutero. Desde entonces, en este tema, la libertad siempre se mide frente al Estado. Por eso, de la agonía espiritual (gr. ágonos, trabajo) sólo puede descansarse cuando, para servir a Dios, estemos libres de la tiranía moral y espiritual a la que el Estado nos ha sometido.
67. La idea evangélica de la libertad promete emancipación de la tiranía del Estado sobre la conciencia cristiana.
D. Libres para participar
68. El libre examen, y la libre crítica se complementan con la libre participación.
69. Los cristianos somos libres de participar en la vida pública de la nación. Es mas, tenemos la obligación de hacerlo.
70. Participar en la sociedad es una de las notas que hemos heredado de nuestros padres espirituales. El legado de los reformadores fue precisamente en esa dirección. Pero es una participación responsable a la luz del evangelio.
71. Entender nuestras responsabilidades ciudadanas, es mucho más que votar y respetar los semáforos. Romanos 13 da pie para mantener una vigilancia permanente sobre la cosa pública.
72. Hay que recordar que la autoridad: 1. Es servidor de Dios; 2. Que busca nuestro bien; 3. Castiga al que hace lo malo; 4. Recibe nuestros tributos. ¿Hace eso el Estado? ¿Estamos vigilando que el Estado cumpla con esas funciones ahora que es responsabilidad ciudadana fiscalizarlo?
73. Por medio de esos puntos, no es difícil descubrir que nuestra vida entera esta íntimamente ligada a la política local y nacional de nuestro país y que muchos tendrán incluso la vocación de servir en la esfera de la vida pública.
74. Esto nos lleva a reconocer el carácter político o público de nuestra sociedad y de nuestra vida misma. ¿Qué es el gobierno sino una esfera de responsabilidad pública y privada? Eso es parte de la misión de la Iglesia, el testimonio en todas las esferas de responsabilidad en tanto pertenecen a Dios.
75. Significa que la sociedad en la que vivimos esta compuesta de personas que deliberan, escogen, producen y votan, en fin, que tienen la capacidad de elegir y ser electos, que tienen la obligación de pagar impuestos. Es decir, una responsabilidad que nos incluye a todos.
76. De ahí que constituya un sin sentido la disciplina eclesiástica que se impone a quienes participan en estos temas; eso sólo refleja hasta donde la Palabra de Dios se ha puesto de lado y en su lugar se ha colocado la tradición eclesiástica, el opinionismo y la palabra del hombre.
E. Libres para cambiar
77. Pero también, la comprensión de nuestra sociedad pasa por el reconocimiento de que la “ciudadanía” no existe de manera consciente y deliberada en el sistema de naciones latinoamericanas.
78. No es una decisión calculada de sus miembros formar parte de esa sociedad. Esa sociedad política existe en nuestro medio, de manera anónima, a guisa de ficción jurídica, pero no como una decisión resuelta de los individuos de pertenecer y contribuir a tal grupo social.
79. Esa ausencia de racionalidad es ausencia de responsabilidad y ello no sólo constituye una enorme falta ante Dios que nos ordeno “sojuzgad la tierra y señoread sobre ella”, sino abre la puerta a que los peores nos gobiernen.
80. Si sumamos a ello, que vivimos en una sociedad en donde los que gobiernan son dueños de vidas y haciendas y no somos ciudadanos sino súbditos suyos, los resultados no pueden ser mas nefastos.
81. La idea evangélica de la libertad promete emancipación de la tiranía de la pobreza, la exclusión, la impunidad y la violencia. Esta emancipación será posible sólo si tenemos un autogobierno más racional, es decir, fundado en normas.
82. Las normas dan un sentido de responsabilidad personal y racionalidad a nuestras acciones.
83. De Lutero se dice que aportó a la historia política y espiritual de su día, precisamente ese sentido de responsabilidad frente a Dios y frente al mundo, en el plano más personal e íntimo.
84. La sociedad política surge solo donde hay normas conforme al derecho como valor, en donde hay responsabilidad y racionalidad.
85. Si algo debe construirse en América Latina es el sentido de sociedad política, de Estado, frente a la comunidad solidaria que nos caracteriza.
86. Nuestra mentalidad de aldea se traduce a una tradición pre política, pre Estado; se trata de un Estado que existe en el papel pero no en la realidad del poder, ni de sus instituciones.
87. La naturaleza comunal y solidaria de nuestras poblaciones rurales no deja espacio para la sociedad política; además, se hace claro que la mentalidad de comunidad que cultiva la Iglesia Católica y el comunalismo que se promueve desde las ONGs y organismos de cooperación internacional, tampoco permiten que se suscite la sociedad política.
88. La nota bíblica de la responsabilidad personal, de la ética de trabajo y de la promoción de la riqueza, no tiene aliento en una comunidad solidaria. Proveer para el sustento propio, una nota distintivamente bíblica, tampoco lo tendrá en una sociedad presidida por el Estado como el gran benefactor.
89. En ese contexto, ayudar a la nación a transitar de la visión de aldea, de comunidad, de la ausencia del yo en la vida pública, a la afirmación de la responsabilidad personal, es el gran aporte del evangelio en estas tierras. Es la posibilidad de transitar de la visión pre política, típica de las sociedades medievales, a la modernidad.
90. La afirmación del yo individual no es sólo importante en la doctrina cristiana del pecado. Lo es también en la doctrina cristiana de la responsabilidad y de la rendición de cuentas.
91. En fin, sin el sentido de la responsabilidad personal, el camino a la sociedad política, a la rendición de cuentas, al desarrollo y a la modernidad son imposibles. La previsión del futuro, un concepto importante para el desarrollo, se evapora.
92. Sin la idea de la responsabilidad personal, se diluye el concepto del pecado y una antropología sin una doctrina fuerte del pecado termina por debilitar la justicia de Dios, en el plano personal, eclesiástico y nacional.
93. Estamos claros, desde Lutero, que obedecer a los hombres en donde están equivocados de suyo comporta desobedecer a Dios.
94. La reforma institucional es anterior a la euforia por los candidatos evangélicos, y es en definitiva mucho más importante que situar personas en puestos públicos. En las arcas abiertas que el poder presenta hoy, no hay justo que salga limpio y por eso los reformadores, soñadores y visionarios de hoy, corren el riesgo de terminar, como la mayoría de ex gobernantes, siendo los delincuentes de mañana.
95. La sospecha frente al poder temporal es entonces inevitable y la reforma política y pacifica de nuestras instituciones públicas, por razones de conciencia, es un paso necesario. Si la conciencia del pueblo vive de rodillas frente a sus propios gobernantes y si la Iglesia lo permite, esa Iglesia esta lejos de ser la Iglesia triunfante del Nuevo Testamento. Ante esa iglesia, las puertas del Hades si habrán prevalecido.
Estas ideas reflejan tres puntos fundamentales. Primero, que vivimos bajo el asalto de nuestra conciencia y eso destruye no sólo nuestro sentido de responsabilidad frente a los hombres sino también nuestra responsabilidad frente a Dios. Segundo, que el sistema jurídico es tal que constituye tanto una traición al derecho como a los principios de la Palabra de Dios. Tercero, que de esta juridicidad surge una cultura cristiana, una idea de la responsabilidad y una lógica de obediencia a la ley, ajena a la fe y al evangelio y ajena también, al derecho como valor.
Guatemala, 27 de noviembre del 2003
Guillermo Méndez
Guatemala
Estudios:M. A. S. Universidad Fco. Marroquín, Guatemala. Maestría en Ciencias Sociales. Especialización en Economía, SUMA CUM LAUDE (Guatemala 1994).
M.A. E. Universidad Fco. Marroquín, ESEADE, Guatemala. Cursante del programa de Maestría en Administración de Empresas (Guatemala, 1991)
Th. M. Seminario Teológico de Dallas, Maestría en Teología, (Texas, Estados Unidos 1981), Escuela acreditada en el sistema universitario europeo y americano.
Lic. en Teol. Seminario Teológico Centroamericano. (Guatemala, 1978) Acreditación: Asociación de Escuelas Teológicas de América Latina, acreditada en Norteamérica y en el sistema universitario Británico.
Cargos: Director Ejecutivo, fundador del Instituto de Servicios a la Nación, 2002-
Consultor Independiente, 1995-
Contratado en Estados Unidos por CAM International, organización misionera. Asignado a Guatemala al Seminario Teológico Centroamericano para 1) enseñar Filosofía, Historia y Comunicaciones 2) conducir estudios de postrado sobre la proyección del protestantismo 3) realizar eventos de Fund raising, 1982-1994
Expe- Docencia Facultad de Economía; cursos: Economía; Microeconomía; Universidad Rafael riencia: Landivar 1994- 1996. Facultad de Admón. de Empresas; cursos: Admón. de Recursos Humanos;
Comportamiento Organizacional. Universidad Rafael Landivar, 1994-1996.
Instituto de Ciencias Políticas; Escuela superior de Ciencias sociales, cursos: Procesos de Mercado; Lógica de la Cooperación Social; Geopolítica; Prensa y Gobierno; Moneda y Banca. Maestría en Fiabilidad, FISIC. Curso: Etica empresarial, Universidad Fco. Marroquín, 1995-1998; 2000
Facultad de Teología, curso: Sociología de la Religión. Universidad Mariano Gálvez, 2003-
Con más de 25 años de experiencia en el mundo académico, el profesor Méndez es consultor internacional sobre temas educativos, administrativos y económicos. Fue directivo de la Fraternidad Teológica Latinoamericana entre 1988 y 1993 y aceptado como teólogo latinoamericano por la comisión de teología de la World Evangelical Fellowship (Fraternidad Teológica Mundial) en 1987. Posee maestrías y estudios en temas como economía, ciencias sociales, teología y administración. Ha reflexionado creativamente sobre la educación superior, la economía, el derecho y la misión de la Iglesia. Es miembro de la Comisión Cívica Permanente y coordinador de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica de Guatemala.



